Se trata de una enfermedad parasitaria que no es contagiosa para otros perros ni para humanos en principio y que puede presentarse de múltiples formas. El diagnóstico se basa en la observación de su agente causal. Normalmente se asocia a pioderma y a problemas inmunitarios por lo que el tratamiento debe realizarse en función del diagnóstico, que ha de ser exhaustivo. 

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